Asesinos I



Nuevo relato después de un tiempo del todo estéril y tengo que agradecérselo a mi amiga Lhyn. Por razones que irá descubriendo según lea el relato, se me ocurrió pensando en ella (XDD cosas que pasan). El relato constará de varias partes, todavía no sé cuántas, pero creo que no muchas: tres, cuatro a lo sumo. Y sé que estará deseando matarme según lea esto por no escribir el relato todo a la vez (espero que me mande a la mierda en privado y no en un comentario en el blog). Pero bueno, no me enrollo más y aquí lo dejo.

Besitos reina y gracias por inspirarme.

ASESINOS (I)

Un nuevo encargo. Un nuevo contrato y allí estaba. En el local más atestado de todo Kiev, sudando a mares en su traje apretado e intentando no rozarse con los cuerpos húmedos que saltaban al ritmo de la música. La banda, Dark Skull, se ubicaba en un escenario al fondo de la nave. Vestidos de cuero negro y brillantes cadenas, tocaban una versión mala de This is the new shit de Marilyn Manson. Parecía que el cantante iba a vomitar en cualquier momento el hígado por la boca, pero eso no impedía a los fans histéricos arañarse por colocarse justo debajo. Todos se empujaban por llegar lo más cerca posible. Ella caminaba como podía en el sentido contrario.


Canturreó la canción mientras se abría paso a codazos entre la gente. Los cartones de ácido pasaban de lengua en lengua y las pastillas cambiaban de mano sin ningún tipo de disimulo. Un joven con la cara pintada de blanco y los ojos rodeados de negro le metió una en la boca, pero ella no tardó en pasársela a la satánica que tenía justo al lado, ganándose la ovación del público. ¡Malditos niñatos! ¿De qué servía acabar con los traficantes de drogas si la gente pedía matarse a gritos?

Nunca le habían gustado las misiones en actos públicos, como aquel concierto. Los asesinatos con testigos eran difíciles, sucios y ruidosos. Por no decir que en la estampida de la huída acababa muriendo alguien más, y ella sólo mataba a quienes lo merecían. Punto. Había intentado rechazar el encargo, pero había sido imposible. Por lo general, disfrutaba de su trabajo. Por desgracia, lo único bueno de aquella misión era la música y el color. El negro siempre había sido su favorito, y los toques púrpuras que le había dado a las mangas y el escote realzaban favorablemente su blanca piel. Ni siquiera le había hecho falta la crema pálida para la cara. Con tiznar sus ojos de negro había sido suficiente. La peluca oscura sólo había mejorado el efecto.

Llegó a su destino sin que se la arrancaran de un tirón, toda una proeza, por cierto. Subió por las escaleras de metal hasta una puerta flanqueada por guardias armados. Las muchachas que querían una invitación los miraban entre asustadas y expectantes, insinuándose torpemente y ganándose muecas de lástima. Ella no era tan novata. Se paró muy cerca de ellos, cruzando una línea invisible que ninguna antes se había atrevido a atravesar. Apoyó las manos en la estrecha cintura, impulsando los pechos casi fuera del corpiño y clavando la mirada oscura, serena y a la vez llena de promesas en las gafas de sol de los guardias. Estos no dudaron. Pasaron sus grandes manos a lo largo de su cuerpo cubierto de vinilo negro, demorándose en muslos, caderas y pechos. Dobló su delgado cuello y dejó escapar una risa ronca que escondía más dolor que placer… para ellos.

Se levantaron cuando el magreo empezó a dejarles insatisfechos y abrieron a desgana la puerta de la codiciada sala. Ella hizo intención de entrar, pero volvieron a cerrarle el paso.

—Tu nombre —exigieron en un cerrado acento del este.

—Fate —consintió ella con una descarada lamida a sus voluptuosos labios.

Destino. El suyo y el de la mayor parte de los que se divertían en la fiesta privada. Que no fuera su verdadero nombre no era algo que le interesara a nadie.

—Te vemos después… —advirtió—. Los dos.

—No lo dudes.

Y se internó en la penumbrosa sala, con la satisfacción pintada en su hermoso rostro.

La música de los Dark Skull se oía mejor en el interior de la sala que en la propia nave del concierto. Quizá por estaba insonorizada y las voces salían de unos altavoces que debían de valer millones. También allí predominaba el negro y el rojo, con la diferencia de que las telas eran de calidad y las cadenas de oro blanco y no acero barato. Las drogas eran más caras, pero también más limpias, y el colocón te llevaba al paraíso y no a las puertas del infierno. La decoración era de muy buen gusto; los hombres, atractivos; y las prostitutas de lujo, increíblemente hermosas. El aroma a puros caros y sexo del duro, impregnaba el ambiente como un perfume de diseño. Incluso Fate habría podido disfrutar de la fiesta de no encontrarse en medio de un trabajo.

Se cruzó con parejas en diferentes estados de desnudez en su camino hacia el hombre que había venido a matar. Las fotos que había recibido de Viktor Motuleak no le hacían justicia. Sentado en un sofá de brocado rojo y dorado, sorbía whisky escocés de un vaso ancho y esnifaba coca de los pezones de las dos mujeres que le flanqueaban. Los limpiaba después con la lengua, provocando jadeos de deseo y caricias de éxtasis. Su pelo platino se confundía con las pieles lechosas y sus ojos grises se desenfocaban entre mordiscos y felaciones. Agarró la cabellera oscura que subía y bajaba entre sus piernas y empujó las caderas con golpes secos hasta que un grito de placer se confundió con los alaridos del cantante.

Esperó su turno a pocos metros de distancia, sin buscarle y al mismo tiempo sin perderlo de vista. Había tratado con varios como él. Hacerse la despistada no valía. Tampoco las promesas susurradas. Una mirada ardiente e insinuaciones poco veladas. Lo importante era parecer mejor que las esculturales divas que la rodeaban. No era menos hermosa que ellas y confiaba mucho más en su capacidad amatoria. Y conseguía exudarlo por cada poro de la piel, como el reclamo de una hembra en celo a un macho dispuesto.

Funcionó. No tuvo que aguardar más de cinco minutos. El ucraniano volvió la vista hacia ella y sonrió, relamiéndose de anticipación. Apartó a las prostitutas que le rodeaban, mientras la llamaba con un movimiento de la mano. Fate se aproximó lentamente, dejando que el contoneo de sus caderas endureciera de nuevo al señor de la droga. Mientras, se desataba lentamente los botones del corsé. Cuando se colocó a horcajadas sobre él, sus pechos casi estaban al descubierto y la boca del hombre los esperaba hambrienta. La lengua recorrió el borde del escote.

—¿Y tú de dónde has salido? —preguntó, degustando la esencia salada.

—Del mismísimo infierno —susurró en su oído entre gemidos guturales.

—¿Te envía el diablo?

—Yo soy el diablo.

—Estupendo, tenía ganas de follármelo.

Fate rió y guió su cabeza hasta el pecho. El siguió succionando con ansia. No gruñía cuando el dolor dejaba marca, sino que gimoteaba pidiendo más y se mecía contra su miembro henchido, provocándole y provocándose, dándole y pidiendo más. Se arqueó hacia atrás, cuando la lengua jugueteó con el ombligo. Le dejó internar una mano bajo las ceñidas mallas de tiro bajo y jadeó de verdad cuando sus dedos fríos entibiaron el ardor que sentía entre las piernas. Se meció aún más rápido, incitándole a que continuara limpiando el sudor con su saliva.

Le pareció verlo entonces. Y si se lo había parecido, era que lo había visto. Devlin no era una persona a la que pudieras encontrar por casualidad. Eso sólo podía significar una cosa: tenía que darse mucha prisa.

Se irguió de golpe y enredó los dedos en los mechones pálidos. Rompió con cuidado la cápsula dentro de la boca y de un apretón le obligó a abrir los labios. Tuvo cuidado de que todo el líquido de la cápsula le cayera en la boca simulando un beso húmedo. Escupió el envoltorio y siguió restregándose contra él, acelerando la sangre en las venas del ucraniano. Le mordisqueó el cuello, aprovechando para observar su entorno. Volvió a verlo cuando la parálisis entorpecía los dedos de su amante.

No entendía cómo le habían dejado entrar. Sólo con mirarle, cualquier idiota tendría que saber que era un asesino. Con su metro noventa de puro músculo y esos ojos verdes que brillaban con las llamas de la ira, Devlin no pasaría por alguien que quisiera divertirse en una fiesta, sino como el que sin duda acabaría jodiéndola. Le lanzó una sonrisa perversa, mientras el cuerpo debajo de ella empezaba a sacudirse por los espasmos. Cualquier observador creería que eran sacudidas de placer. Sólo Fate y Devlin sabían la verdad y ésta se reflejó en el desencanto de sus facciones.

Esta vez, cobraría ella.

*   *   *   *   *

Esta es la canción que están tocando en el concierto y, por supuesto, la banda sonora de esta parte del relato.

5 comentarios:

Lhyn dijo...

Oooooh, que sorpresa! ññ Estoy deseando averiguar de qué va esto, pero parece que voy a hacerlo poco a poco, con pequeñas dosis ¬¬

¿Yo te lo he inspirado? ¿se debe a los instintos asesinos que me asaltan de vez en cuando? O.o

jajajaja

Te quiero mucho, guarrilla! Y muchas gracias por esto, logras hacerme sonreir aunque no tenga muchas ganas de hacerlo.

Kyra dijo...

De nada, guapetona!!! Me apetecía escribirte algo y salió esto.
Sé que no te escandalizas cuando me pongo a escribir cosas sórdidas y pensé que la musiquilla y el ambiente te gustarían.
Y él SÉ que te va a gustar jojo.
Me daré prisa en escribirlo.
Besitos

Amaya F. dijo...

¡Pero nena, ¿tú que escribes?!
Me ha encantado. Está genial. Nada que ver con mis historias light.
Esto me gusta mucho más que el inicio de tu novela del taller. Y de alguna cosa subida de tono que te he leído.
Menuda asesina...

Kyra dijo...

Gracias Amaya!!
La verdad es que me gusta este tipo de literatura. Sórdida y subida de tono XDD. Espero que cuando continúe te siga gustando!!
Besitos

Amaya F. dijo...

Pues menos que al pasarte por mi blog me has recordado tu historia... ¡que casi me pierdo la segunda parte!

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