Reflexión de lo Espiritual

Esta no es una entrada literaria. Es, como su título indica, una reflexión personal en la que expongo un tema que quizá pueda resultar algo controvertido. En ningún caso está pensado para tirar por tierra opiniones de otras personas, sino que me limito a exponer la mía. Así que, a quien quiera leerlo, avisar que no es un relato, más bien una pirada de pinza.

REFLEXIÓN DE LO ESPIRITUAL

Espiritual: perteneciente o relativo al espíritu. (RAE)
Espíritu: (1) Ser inmaterial y dotado de razón. (2) Alma racional. (RAE)

A mi modo de ver, el espíritu es una de las partes que conforman a todo ser vivo, junto con la materia. Si todos nos esforzamos por cuidar la parte material, por protegerla, por mimarla… ¿por qué no hacemos lo mismo con la parte espiritual?

¡Cuántas respuestas a una pregunta tan sencilla!

Me limitaré a dar varias porque evidentemente no las conozco todas. Y, además, cuántas más encuentro, más me decepcionan.

La primera, por dar un ejemplo, la pereza. Todos la sufrimos, y yo la que más. Es mucho más sencillo poner la tele, la radio, incluso cogernos un libro (y parece mentira que yo diga esto) y dejar que nos llene la cabeza. Así nosotros no tenemos que molestarnos por decidir en qué pensar, ya nos lo dan hecho. Además, es una forma de llenar los espacios vacíos que tanto pueden llegar a incomodarnos.

A cuento de esto último, paso a una de mis razones favoritas: el miedo. Y es que, mirarse a uno mismo a la cara, da verdadero pavor. Darnos cuenta de lo vacíos que podemos llegar a estar, de lo insignificantes que somos, puede llegar a ser muy molesto. Porque la verdad no solo da miedo, sino que duele como una puñetera herida infectada. Y desgraciadamente, para poder desarrollar la espiritualidad, todos tenemos que pasar por esta fase.

Otro de los motivos más extendidos es la razón económica. Seamos sinceros, fomentar la espiritualidad en la sociedad no es nada rentable. Para el mundo caótico y consumista en el que vivimos, desarrollar lo más mínimo el espíritu te hace perder el tiempo… además de prestigio. ¿A quién se valora más hoy día? ¿A una persona intelectual, que lleva una vida apacible y pasa desapercibida? ¿O a aquellos ambiciosos que harán lo que sea por conseguir sus metas, aunque esto suponga pisotear a todo el que tiene a su alrededor? ¡Por favor, mira qué maravilla de persona, que ha logrado todas sus metas, que vive en un chalet en la Moraleja, que le sale el dinero por las orejas! Y ese pobre desgraciado que vive en un pisito de paredes de cartón, tiene un trabajo mediocre y un coche destartalado. Hay casos y casos, desde luego. Pero quizá el segundo tenga todo lo que ha deseado en la vida, y el primero todavía quiera mucho más. ¿Quién sería más feliz entonces?
Lo que más me fastidia de los que sufren este caso, es que no sólo no fomentan su propia espiritualidad, sino que además se mofan del que se molesta en cultivarla. Para ellos todo lo que no sea material, es una pérdida de tiempo y, por lo tanto, motivo de burla. Desde luego, siempre hay término medio y he conocido gente ambiciosa que equilibra las dos partes. Poca gente, también es verdad. Por lo general, es el primer caso. No sienten respeto hacia nadie que no sean ellos mismos, no aceptan razones que no sean las suyas propias…. En fin, demasiada importancia les he dado ya en mi reflexión, y este tema daría lugar a una reflexión en sí mismo.

Por último, llego a una de las razones que más daño hace: la vergüenza. Al fin y al cabo, las dos primeras no molestan a nadie, la anterior… bueno, al menos los anteriores suelen guiarse hacia un lugar en concreto y buscan hacer realidad sus ambiciones. Pero los que se rigen por la vergüenza y el qué dirán se limitan a seguir un patrón establecido y fácil en el que, si no se sienten satisfechos, siempre pueden echarle la culpa al dinero y a la sociedad. Porque, es curioso, ¿no os habéis dado cuenta que ante un problema, conflicto, accidente, etc., nunca pensamos en qué podríamos haber hecho para evitarlo, sino que rápido corremos a buscar culpables? Cuántas veces hemos querido hacer cosas que nos habrían producido un gran placer sin perjudicar a nadie. Y sin embargo nos quedamos con las ganas de hacerlo por no tener que hacer frente a la burla del que no lo entiende o comparte. Nos amargamos. Culpamos a la sociedad en lugar de a nuestra propia hipocresía, a nuestra propia vergüenza de nosotros mismos por desear hacer algo que no es lo normal en nuestro entorno.

Y es que, y aquí viene el punto al que más énfasis quiero hacer, ser diferente, mantener la propia individualidad dentro de una comunidad, es taaan difícil.

Globalización: Tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales.(RAE)

Subrayo mercados y empresas porque me parece importante que tengamos esto claro. Una cosa es que los mercados se unifiquen y otra cosa es que las personas nos volvamos iguales. Partiendo de la base de que es imposible —a Dios gracias—, es incómodo y además un atraso. Pero mires donde mires, es la tendencia que impera.

Empezamos por la moda. Si se llevan los pantalones pitillo, tienes que llevarlos. No por nada, es que si quieres comprarte otra cosa lo llevas claro porque no lo encuentras. Seguimos con la cultura. Todos tenemos que tener los mismos gustos. En literatura, en cine, en arte… Porque como te alejes de lo que piensa la mayoría, ya tienes el conflicto. Y la mayor parte de las veces rechazamos opciones marginales sin conocerlas en absoluto. Y lo peor es que no es sólo un rechazo, sino que suele venir acompañado de una degradación.

Por poner un ejemplo, la novela romántica. No entro en el tema de si es buena o mala, para gustos los colores. Simplemente me limito a recrear una conversación que he repetido una y otra vez y otra vez y otra vez y que además habla por sí sola.
YO: A mí me gusta la literatura romántica
INTERLOCUTOR: (Con cara de estar oliendo a pedo) Tía, pero cómo puedes leer eso. Si es basura.
YO: ¿Has leído alguna novela romántica?
INTERLOCUTOR: No.

Creo que intentar explicar por qué me gusta la literatura romántica (que en ningún caso es lo único que me gusta) a un interlocutor como el del ejemplo (y que está basado en muchos casos reales), es absurdo y una pérdida de tiempo, porque ya ha rechazado de plano la opción, sin darle una oportunidad. Y el problema es que esa es la actitud que la mayor parte de la gente toma hacia lo que no hace o piensa la mayoría.

Es exactamente lo mismo con la espiritualidad.

Todos los meses nos juntamos un grupo de mujeres con la luna nueva. Es un hecho que los Círculos de Mujeres se están extendiendo por todo el mundo. Nos enteramos de estas reuniones por amigas, conocidas, por Internet… desde luego no por los medios de comunicación. Dedicamos unas horas a bailar, charlar, hacer manualidades espontáneas, comer, plantar semillas… simplemente “estar”. Estar allí, de corazón, rodeadas de mujeres que no conocemos de nada, pero que sienten la misma inquietud de espiritualidad perdida y, por ende, la necesidad de recuperarla. Nadie entiende qué hacemos allí. Lo consideran un absurdo. Y en muchos casos hasta una secta. Es lo que hay, si es un grupo es una Asociación y si encima es un grupo raro, es una Secta.

En mi Círculo, por llamarlo de algún modo, y en la mayoría de ellos, se trabaja la energía femenina. Uf, tema chungo, entonces ya es malo. Lo que nadie se para a pensar es que círculos de mujeres hay miles sin ser conscientes de ello. El único requisito imprescindible para que pueda considerarse “sagrado” (lo mismo, por llamarlo de algún modo), es que la comunicación —verbal o no verbal—, se realice en armonía. Desde el momento en que conformamos el círculo, se respeta la palabra —siempre—, no se habla mal de nadie —jamás—, no se juzga lo que se escucha —en absoluto—. ¿Sabéis a lo que da lugar? A que todas nos sintamos libres a expresar lo que llevamos dentro, sin temor a la burla, a la risa, al desprecio o a la lástima. Te sientes comprendida, porque al escuchar —y digo escuchar y no oír—, te das cuenta de que todas, en el fondo, sentimos las mismas inquietudes, los mismos miedos, las mismas alegrías. Y lo mejor de todo es que no hay una obligación hacia una organización conformada por otros y de la que tú solo eres un número; sino que sólo tienes responsabilidades hacia ti misma y hacia tu conciencia. Nadie te exige nada —ni siquiera asistencia—. Sólo que seas tú, desde lo más profundo del corazón.

No suena tan mal, ¿verdad? Pues no sabéis lo difícil que es hablar de ello. Así que voy a explayarme.

La idea de los Círculos de Mujeres, que ha sido un hecho tradicional en la mayor parte de las culturas —a veces de forma consciente, otras de forma inconsciente—, fue retomada en el 2004 gracias a las 13 Abuelas Indígenas con el fin de sanar la Tierra. Básicamente vienen a decir que en nuestros actos deberíamos pensar en las siete generaciones futuras, y si pueden repercutir en negativo de algún modo, deberíamos evitar llevarlos a cabo. Los Círculos como tal son un mecanismo de toma de conciencia, nada más y nada menos. Dejo dos enlaces que pueden resultar interesantes a quién quiera saber más:


Sinceramente, no me parece una teoría o una filosofía que pueda perjudicar a nadie. Utópica, quizá. Pero, ¿dañina? En absoluto. Y aún así genera rechazo porque no es lo habitual.

En fin, solo puedo decir gracias por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, si no, todavía estaríamos quemando brujas.

2 comentarios:

Marcos DK dijo...

Una reflexión muy profunda y que no puedo negar compartirla por completo. Me asombra el comprobar que pensadores tachados por locos como Nieztche adelantaran con sus negros augurios la llegada del nihilismo que hoy nos arrastra; la pérdida total de valores humanos que deja a la deriba a todo aquel que no se anule como persona y se integre en una masa común carente de principios. Y como en el pais de los ciegos el tuerto es el rey, siempre habrá desalmados que pastoreen el rebaño en su propio beneficio.
Lo de los círculos de mujeres es una idea que no conocía y me ha llamado fuertemente la atención. Quizá aquí, en España, se intentan estos acercamientos con métodos más sutiles. Llevo años dando cursos de informática por pueblos y academias a todo tipo de gente de distintas condiciones. Recuerdo uno de esos cursos en el que la mayoría de alumnos eran mujeres desempleadas y en un descanso tomando café una de aquellas mujeres me dijo: "Marcos, no sé si aprenderemos mucho, pero nos lo estamos pasando en grande; venir a este curso es como una terapia para salir de casa y romper la rutina".
Al principio no supe cómo tomarmelo por la parte que me correspondía, pero me alegré por ellas.

Respecto al meme de los libros de terror: No eres la única que se ha quedado en blanco por no ser un género de su gusto, no pasa nada. Como tu dices, para gustos lo colores. A mi no me gusta la novela romántica ¿Que si he leído algo? Hummmm. ¿"Hombre rico, hombre pobre" vale? No estuvo mal, pero me gusta más acción. "No digas que fue un sueño" me encantó, la he leído varias veces. Ejem. creo que dejaré ya de escribir por aquello del qué dirán...

Kyra dijo...

Me alegro de que te gustara, Marcos. Y ya sabes que puedes escribir lo que quieras!! Como si quieres hacer un comentario más largo que la entrada XDD
Saluditos

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