Fever, Karen Marie Moning

1- Fiebre Oscura

MacKayla Lane lleva una vida aceptable. Tiene grandes amigos, un trabajo decente y un coche que se avería cada dos por tres. En otras palabras, es una mujer normal del siglo XXI. O eso es lo que creía hasta que algo extraordinario le sucede.

Cuando su hermana es asesinada, dejando tan sólo una pista acerca de qué es lo que le ha sucedido -un mensaje encriptado en su móvil- Mac decide viajar a Irlanda en busca de respuestas. La búsqueda del asesino de su hermana la sumergirá en un mundo de oscuridad en donde nada es lo que parece y el bien y el mal hacen uso de las mismas armas seductoras para salir vencedores.

De este modo, Mac muy pronto se verá enfrentándose a un enorme desafío: un don que le permitirá ver más allá del mundo humano... el peligroso reino de las Hadas. Pero cada movimiento que haga será seguido muy de cerca por el oscuro y misterioso Jericho, un hombre sin pasado y que se burla constantemente del futuro. A medida que se va acercando más a la verdad de la muerte de su hermana, se topará con el cruel Vlane -un hada macho que hace del sexo una adicción para las mujeres.

2- Fiebre Sangrienta

La ordinaria vida de Mackayla Lane se ve sometida a un giro de ciento ochenta grados cuando aterriza en la costa de Irlanda y es arrastrada a un oscuro y mortífero reino diferente a todo cuanto hubiera podido imaginar. En su lucha por conservar la vida, Mac debe encontrar el Sinsar Dubh, un libro con un millón de años de antigüedad con la magia más negra que se pueda imaginar y que guarda la llave del poder para dominar el mundo Fae y el Mortal. Perseguida por asesinos Fae, rodeada por misteriosas figuras en las que sabe que no puede confiar, Mac se encuentra dividida entre dos hombres letales e irresistibles: V’lane, el insaciable Fae que puede convertir la excitación sensual en una obsesión para cualquier mujer; y el siempre inescrutable Jericho Barrons, un hombre tan encantador como misterioso.

Durante siglos, el sombrío reino Fae ha coexistido con el de los humanos. Ahora las murallas entre los dos se están desmoronando y Mac es la única que puede interponerse entre ambos...

3- Fiebre Mágica

Cambiada por las decisiones que ha tomado a fin de sobrevivir, Mac ya no es la chica ingenua, idealista y glamorosa recién llegada a Dublín. Ahora, sumergida en una búsqueda para encontrar al asesino de su hermana, es una de las piezas principales en un mortífero juego, pero que cuenta con una gran ventaja: sabe cómo encontrar lo único por lo que tanto los Fae como los humanos están dispuestos a matar: el Sinsar Dubh, un antiguo libro de magia tan negra que corrompe a cualquier que lo toca.

Sin embargo, lo que Mac no tarda en descubrir es peor de lo que había imaginado. Rodeada de traición, sus enemigos son indistinguibles de sus aliados, y sólo hay algo de lo que puede estar segura: a medida que se aproxima el Día de todos los Santos, el tiempo se le acaba.

4- Fiebre Anhelada

Le ha robado su pasado pero MacKayla jamás consentirá que el asesino de su hermana le despoje de su futuro. Pero ni siquiera esta sidhe-seer con un don único es rival para lord Master, que ha desatado un insaciable deseo sexual que consume todos los pensamientos de Mac, y la arrastra a un reino de seducción de dos hombres muy poderosos, a los que desea pero en quienes no se atreva a confiar.

Mientras el enigmático Jericho Barrons y el sensual príncipe Far V’lane compiten por su cuerpo y su alma, aparecen unas misteriosas anotaciones en el diario de su hermana y el poder del Libro Oscuro continúa cambiando de ubicación en la ciudad, el mayor enemigo de Mac propone un desafío final…

Es una invitación que Mac no puede rechazar, una invitación que la lleva de regreso a toda prisa a su hogar en Georgia, donde le aguarda un peligro aún más siniestro. Con sus padres desaparecidos y el asedio a las vidas de sus seres queridos, Mac está a punto de enfrentarse cara a cara con una desgarradora verdad… sobre sí misma y su hermana, sobre Jericho Barrons y el mundo que creía conocer.

5- Shadowfever

MacKayla Lane era solo una niña cuando su hermana, Alina, y ella fueron dadas en adopción y desaparecieron de Irlanda para siempre.

Veinte años más tarde, Alina está muerta y Mac ha regresado al país que las expulsó para cazar al asesino de su hermana. Pero después de descubrir que desciende de un linaje maldito y bendito a la vez, Mac se ve arrastrada a una historia secreta: un antiguo conflicto entre humanos en inmortales que han vivido ocultos entre nosotros durante miles de años.

Lo que sigue es una sorprendente cadena de acontecimientos con devastadoras consecuencias, y ahora Mac Lucha por sobrellevar la pena mientras continúa con su misión de conseguir y controlar el Sinsar Dubh, un libro de magia negra prohibida escrito por el mítico rey unseelie y que contiene el poder de crear y destruir mundos.

En una batalla épica entre los humanos y los fae, el cazador se convierte en el cazado cuando el Sinsar Dubh vuelve sus ojos hacia Macy comienza dejar un sendero de muerte entre aquellos a quienes ella ama.
¿A quién puede acudir? ¿En quién puede confiar? ¿Quién es la mujer que la persigue en sueños? Y lo más importante, ¿quién es Mac y cuál es el destino que vislumbra en los dibujos negros y escalates de una antigua carta del tarot?
Del lujo del ático de lord Master a las sórdidas profundidades de un club nocturno unseelie, de la erótica cama de su amante al aterrador lecho del rey unseelie, el viaje de Mac la obligará a enfrentarse a la verdad de su exilio y a tomar una decisión que salvará el mundo… o lo destruirá.
Información extraída de la web Autoras en la Sombra
 
 
¿Qué puedo decir de estos libros?  Básicamente, que me han enganchado de mala manera y que probablemente sean unos de esos que leeré y releeré y volveré a leer hasta que las páginas estén amarillentas y arrugadas de tanto pasarlas.
 
No es que la autora me entusiasme, porque la verdad es que no me gustaba demasiado. Tampoco es que crea que la historia es magistral. Yo diría que hay momentos en los que ni ella misma se aclara con lo que está diciendo y es un poco difícil seguirla. Es cómo lo cuenta.
 
Resulta muy difícil mantener el misterio a lo largo de una novela, más aún si son cinco libros. Bueno, pues lo borda. No sé cómo lo hace (ya me estudiaré bien sus páginas para sacar el secreto), pero hasta que no llegas a la última página del libro, no se acaban los interrogantes. Otra cosa que me fascina es la tensión sexual entre los protagonistas durante los cinco libros (¡quién pillara a Barrons!). Quizá en el último pierde un poco de esa maestría, pero en los otros lo compensa con creces.
 
Los personajes también son grandes. Barrons, sin ir más lejos XDD. ¡Dios! Me tiene obsesionada este hombre. Falla un poco con Mackayla, la protagonista. A lo mejor es que los secundarios son tan buenos que Mac acaba quedándose pequeña. La verdad, es una prota original, pero acabas cogiéndole un poco de tirria (y sí, que se tire a Barrons no es un punto a su favor). Donde también creo que ha fallado con los personajes es al final del último libro. Se quedan muchas puertas abiertas. Me gusta pensar que habrá algún tipo de continuación en la que nos aclarará qué sucede con todos esos personajes que te hacen la boca agua. Si ese es el motivo, contará con mi eterna gratitud porque sé de uno del que quiero un libro ya-ya-YA (¿Me equivoco si digo que todas queremos a Christian Mackeltar? Creo que no XDD)
 
A pesar de no ser libros de 10, gracias a esta saga he descubierto que me gusta el Urban Fantasy. Y me ha dado penita que se acabe porque ahora me va a costar encontrar otros libros que me enganchen tanto. Y eso que lo pienso fríamente y no hago más que sacarles fallos, pero me han encantado.

Y no, no voy a acabar haciendo reseñas. Pero sí creo que haré una sección de recomendaciones. No, mejor una de cosas que me gustan. Espero que también os gusten a vosotros ;)

Contra el Viento del Norte, Daniel Glattauer


En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece solo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?

«Una novela dramática, loca, tierna, maravillosa y sobre todo emocionante…Un juego espléndido sobre la fantasía y la imaginación... Imprescindible.»
Hamburger Abendblatt

Sigo diciendo que no voy a hacer una costumbre eso de hacer reseñas. Ni siquiera creo que ésto vaya a ser una reseña. De la novela solo voy a decir que me ha parecido original y maravillosa. Que los personajes son reales, cercanos, que te enamoras de ellos y te da la sensación de conocerlos de toda la vida. Quizá, porque son como nosotros, con los mismos miedos, con las mismas inquietudes.

Como nosotros...

Me ha llegado muy al corazón, quizá porque es un tema que me toca de cerca. Muy de cerca.

La mayoría de las mujeres somos muy mentales. Algunos hombres también, pero ellos son más visuales (sin generalizar, de verdad, no quiero que nadie se me ofenda, todas las excepciones son un alivio dentro de la rutina). Al tema. Las mujeres somos mucho más dadas al juego de las palabras, o mejor dicho, a jugar con las emociones a través de las palabras (hablo de jugar con las emociones en un sentido nada peyorativo, además me refiero a las propias, no a las ajenas). También somos más susceptibles de rendirnos a la imaginación (y cuidado, que no me estoy refiriendo al misterio). Muchas soñamos con un desconocido que nos alimente el alma de palabras. Nos imaginamos su voz, sus movimientos, su aspecto (y quien diga que el aspecto  físico no importa en cierta medida, aunque sea mínima y por unos instantes, miente). Muy pocas son capaces de resistirse a los atractivos de la idealización. Ya es difícil hacerlo cuando tienes a la persona delante y el amor nos ciega; a través de la red es casi imposible.

Este es mi particular llamamiento a la prudencia. La novela es una maravilla y todas queremos ser protagonistas de una historia que perfectamente puede estar a la orden del día. Pero la vida no es una novela, por mucho que nos empeñemos en construirla como tal. Y si en el sentido físico la vida da vueltas, en el virtual es un cambio constante... casi una mentira constante.

Nada puede vivir sólo de palabras... tampoco el alma... y mucho menos el amor.

Edito la entrada aunque nadie más que yo lo note porque el mismo autor me ha leído el pensamiento:


«Pero lamentablemente la felicidad no se compone de mensajes de correo electrónico»
Leo Leike

Cada Siete Olas, Daniel Glattauer

Asesinos IV


Cuarta y última parte del relato de los Asesinos. Espero que os haya gustado y en especial a Lhyn. al fin y al cabo, era un regalo para ella. Os dejo con el final!

ASESINOS (IV)

El sexo fue maravilloso. Como había sido siempre. Como Fate recordaba. No. Como Martha… En esos momentos, rodeada por sus fuertes brazos, acurrucada en su enorme pecho, se sentía como la joven ingenua que había pasado las horas soñando con el próximo encuentro. Recostada al lado de Devlin, con los dedos del hombre acariciando la espalda desnuda, volvía a ser la despreocupación personificada, hecha mujer, sin más objetivo que el de pasar el resto de su vida retozando sobre su piel morena.


No había misiones, no había sangre, no había pasado… Ni futuro.

Suspiró con resignación y él se percató del cambio de actitud. Los dedos se detuvieron sobre una cicatriz no muy antigua y habló, como siempre lo había hecho, enredándola para llevarla de cabeza a su terreno.

—Tengo una pregunta… antes de que me digas que tengo que marcharme.

Martha se volvió hasta quedar de espaldas sobre el colchón, con los brazos levantados por encima de la cabeza.

—Dispara —sonrió por lo apropiado de la palabra.

Devlin se colocó sobre ella, apoyado en los antebrazos para no aplastarla una vez más.

—¿Cómo pensabas matarlo? —agachó la cabeza para besar la línea húmeda que descendía entre sus pechos—. No creo que romperle el cuello estuviera en tus planes.

Su aliento mandaba escalofríos por todo el cuerpo e hizo que encogiera los dedos de los pies.

—Tetradoxitoxina —dijo sin más.

—¡JA! Sabía que había veneno por alguna parte.

Ella dejó escapar una risa que le salió de lo más hondo de las entrañas, maliciosa y provocadora, no tanto por su salida sino por lo que le hacían sus dientes en la parte baja del pecho.

—¿Y cómo pensabas suministrársela?

—Con la boca —el asesino alzó la cabeza, horrorizado, y ella se apresuró a explicar—. Con una cápsula que aprendí a partir sin que me cayera una sola gota.

Lo vio sacudir la cabeza como negándose a aceptar el peligro que había corrido. Pero lo había conseguido. Estaba viva y pensaba seguir estándolo durante muchos años más.

—Pequeña loca —murmuró—. Podrías haberte matado.

—En la cápsula no había suficiente para matar a una persona.

—Pero él murió —su boca volvía a estar enredada con un pezón.

—Sí —jadeó ella, y continuó bajando la mirada para no perderse su reacción —, el resto me lo unté en el pecho, sobre una protección de silicona.

La boca se detuvo. También su lengua. Y desde su postura inclinada le otorgó una mirada profunda de alarma. Martha no pudo aguantar y se deshizo en carcajadas.

—A mí no me hace gracia —se alzó otra vez, intentando contener las sacudidas que provocaba la risa.

—Puedes estar tranquilo, me froté bien en la ducha.

—Permíteme tener mis dudas —replicó mordaz antes de ordenarle—: Abre la boca.

La mujer obedeció entre espasmos de risa y él la acalló con la lengua… Y con la lengua siguió buscando un rato más.

* * * * *

 
Fate se levantó al amanecer. No remoloneó en la cama. Atrás quedaban Martha y su debilidad. De nuevo era la asesina de rectitud intachable, capaz de rociarse con veneno para acabar con un objetivo.

Se vistió con rapidez y metió en una pequeña maleta las pocas cosas que había traído consigo. Las armas las llevaba siempre en el cuerpo. Se vistió con rapidez, sin darse tiempo a pensar en lo que dejaba atrás… mejor dicho, en quién dejaba atrás. Pero estaba ya en la puerta cuando se volvió para echar un vistazo al hombre que había sido su sueño y su pesadilla durante muchos años. No el hombre. El asesino. Volvía a ser el pérfido que había acabado con su inocencia y con su vida.

—¿Ya te vas? —preguntó él tan despierto como Fate y con una frialdad de la que no había hecho gala en toda la noche.

«Mejor así».

—Me voy.

—¿Sin una triste despedida?

—Toda la noche ha sido una larga despedida —matizó, y que le quedara bien claro.

Devlin esbozó una sonrisa que no llegó a reflejarse en sus ojos.

—Ha sido una buena noche, ¿verdad?

—No ha estado mal.

Había estado mucho mejor que esas palabras vacías, pero él lo sabía y darle la razón sólo habría servido para alimentar aún más su vanidad.

—No te entretengo más —alzó los brazos y apoyó en ellos la cabeza, consciente del impacto que esa postura provocaba en el cuerpo de la mujer.

—Adiós.

—Martha —llamó.

Ella no se movió, no se volvió. No era necesario verle para imaginarle, tendido en la cama con las sábanas revueltas alrededor de las caderas, sus amenazantes ojos verdes quemando aún en la distancia.

—¿Sí?

—Hasta que volvamos a encontrarnos.

«No. Hasta siempre» pensó, pero no en voz alta. No perdió más tiempo con palabras que acabarían transformándose en hiel en su boca. Cerró la puerta con suavidad al salir, como si la calma que aparentaba estuviera también en su interior.

Lo cierto era que sentía el alma torturada y los remordimientos pesándole en la boca del estómago. Y no sólo por lo de aquella noche.

Cruzó las puertas del hotel sin mirar un solo momento atrás mientras le reprochaba en silencio haber irrumpido de nuevo en su vida como una tormenta destructiva. No tenía derecho a herirla de nuevo y ella no debería haberlo consentido. Pero no pasaría nunca más…

A cuatro manzanas se volvió hacia la torre que era el hotel. Lo miró a través del cristal ondulado que eran las lágrimas agolpándose en sus ojos.

Sacó un pequeño teléfono negro con sus manos enfundadas en guantes de cuero y marcó los dígitos que accionarían el cajetín escondido bajo la cama.

Las lágrimas no se arriesgaban a caer, conscientes del odio de Fate ante cualquier demostración pública de debilidad. Aunque la pena estaba a punto de partirla en dos.

Acarició el botón verde de llamada que sellaría de una vez la puerta abierta de su pasado, la misma que la habría llevado a convertirse en una asesina letal.

Su mente no dejaba de bombardearle con imágenes del hombre que había dejado atrás. Sí, el hombre. No el asesino despiadado. Su corazón, al mismo tiempo, le censuraba una decisión nacida del despecho y la ira, una decisión que terminaría por romperlo en pedazos.

La lágrima resbaló por su mejilla a la vez que el botón verde se hundía bajo la presión del pulgar. Una segunda brilló iluminada por la explosión que barrió la habitación en la que unas horas antes había vuelto a encontrar la dicha. No se permitió sentir más lástima. Ni por él, ni por sí misma.

—Hasta siempre —susurró con la garganta cerrada por el dolor.

Caminó sin prisa por las avenidas atestadas de curiosos. Desmontó el móvil con maestría, sin detener el paso en sentido contrario a los coches de policía. La batería cayó en una alcantarilla, la tarjeta en el bolso de una turista despistada. El resto nadó en las aguas mansas del río Dnieper. No se detuvo hasta llegar a la estación de tren, tras comprar un billete de ida a Ginebra, en busca del dinero que había ganado con una nueva muerte.

Avanzó por el andén atestado, oyendo sin escuchar las voces que anunciaban orígenes y destinos. Le gustaban los trenes. Le gustaba fundirse con el gentío, haciéndose pasar por uno de aquellos seres con los que ya no se sentía identificada, imaginando que volvía a ser una inocente joven enamorada.

Esa mañana se sentía más bien como una viuda desconsolada, llorando en silencio la muerte del único hombre al que había amado. Esa mañana, entró en su vagón de turista sin el habitual interés hacia la gente que la rodeaba

Sonó el último aviso y las puertas se cerraron con un golpe seco. El tren dio un par de sacudidas antes de avanzar por las vías. Giró el rostro desencajado en dirección al andén, perdiendo la mirada entre la marabunta de gente que corría, lloraba, se besaba…

Creyó ver el brillo de dos ojos verdes.

Se enderezó en el asiento y buscó entre la multitud que se alejaba cada vez a mayor velocidad. De nuevo el relámpago esmeralda de las llamas de la ira, clavándose en ella con una promesa de venganza.

Una esperanza ilógica, un alivio insano, hicieron que su corazón palpitara de nuevo. Podía haber sido simplemente el reflejo de sus propias ganas. Pero había creído verlo, y eso sólo sucedía si Devlin quería ser encontrado.

Se apoyó de nuevo en el respaldo con una sonrisa absurda curvando sus labios.

«Hasta que volvamos a encontrarnos» recordó sus palabras, las paladeó en la boca como si fuera su lengua la que golpeaba en ella.

Con solo un vistazo había perdido los cinco millones que pedían por su cabeza.

La sonrisa se hizo aún más amplia y la sintió refulgir en sus pupilas.

La caza no había hecho más que empezar.

Asesinos III



Aquí una nueva entrega del relato que escribí para mi amiga Lhyn. Un pequeño adelanto de mi vuelta al mundo bloggero. Este no tiene banda sonora porque no se me ocurre ninguna canción (se aceptan sugerencias). Tiene continuación, pero no os preocupéis porque ya está escrita, así que no os haré esperar demasiado. Aquí va!! Con todos mis deseos de que os guste.

Aquí el enlace a las partes anteriores:

ASESINOS (III)

Los golpes no tardaron en llegar. Se enzarzaron en una pelea brutal, a la par que silenciosa. No había necesidad de alertar al personal del hotel. Devlin encajó varios puñetazos en las costillas y los riñones de ella no corrieron mejor suerte. Se buscaban con las rodillas, pies y codos, sin que a ninguno le importara la condición de mujer de Fate o la fuerza superior del asesino. La astucia seguía siendo el arma más efectiva. Y el entumecimiento de la mujer un punto en contra. Devlin consiguió clavarle un puño en el estómago y ella se dejó resbalar por la pared hasta el suelo.

—Pobrecita, ¿te ha dolido? —preguntó con voz de falsete.

¡Maldito veneno! Era más difícil de lo que pensaba expulsarlo del organismo y el asesino empezaba a cobrar ventaja. Fue el instinto lo que le hizo alzar los brazos como protección. También para agarrar el pie que se dirigía a su rostro y retorcerlo con saña, mientras barría con una rodilla la pierna que le sostenía. Devlin tenía estilo hasta para caer. Encogió el cuerpo y rodó por el suelo con la agilidad de un gato negro, con sus vidas aún intactas. Allí tirados, se dedicaron patadas y puñetazos. Fate incluso consiguió arrearle algún que otro mordisco. Hasta que el hombre puso de manifiesto su fuerza y se colocó sobre ella, aplastándole la nariz contra el suelo.

—Quieta, lagartija —rió al inmovilizar sus brazos en la espalda y las piernas con su propio cuerpo—. Dame un respiro.

—¡Vete al infierno!

—Pronto, pero primero hablaremos un rato.

Fate se revolvió debajo de él, pero no tardó en sofocarse. El brazo del hombre le apretaba la nuca y le impedía alzar la cabeza para respirar.

—Me estoy ahogando —gruñó con la voz ahogada por el suelo.

—Imposible, todavía hablas.

Reprimió un grito de furia y se mantuvo quieta debajo de él, esperando a que al malnacido se le ocurriera la brillante idea de soltarla. Y esperó y esperó… hasta que pensó que no lo contaría.

—Nos vamos entendiendo —concedió al fin, relajando el brazo, pero sin apartarlo del todo. Lo justo para acariciar los mechones ondulados que se retorcían junto a su muñeca—. Me alegro de que seas rubia otra vez. El negro te hace más vieja.

Hizo caso omiso de un comentario que no merecía respuesta. La peluca había acabado incinerada en un callejón, pero el negro seguía siendo su preferido. Devlin tampoco le dio mucho tiempo para replicar.

—Lo primero. ¿Cómo debo llamarte esta noche? —preguntó algo más risueño, ahora que él controlaba la situación—. La última vez que te vi vestida así te presentaste como Korah.

La mujer rió al recordar el momento. En esa ocasión, ella le había levantado el encargo.

—El nombre me trajo suerte, pero no suelo repetir. Tengo más imaginación que eso.

—Lhyn entonces queda descartado.

La asesina rió aún con más ganas.

—Lhyn era una mujer dulce y sosegada que pasaba su tiempo leyendo y escribiendo.

—Y también preparando venenos —le oyó murmurar con voz de fastidio. Si él supiera, pensó con una sonrisa.

Intentó alzar los hombros, pero el dolor le hizo replantearse la idea. En esa ocasión, Devlin había dado en el blanco antes de que el veneno hiciera efecto. Ese tanto se lo había apuntado él.

—Puedes llamarme Fate —dijo al fin, esperando que la soltara.

—Mmm… demasiado teatral, ¿no te parece?

—Le dijo la sartén al cazo… —murmuró, provocándole una risa ronca que revolvió los mechones de la nuca.

Lo sintió acercarse aún más a su oído, rozando con la boca la suave piel. Devlin habló en un tono tan bajo que nadie lo habría oído aunque toda una atenta multitud los hubiera rodeado.

—No debiste cambiarte el nombre, siempre me gustó Martha.

Su aliento le provocó escalofríos por la espalda, al igual que en todas las ocasiones en las que él había utilizado su verdadero nombre. Luchó por no ponerse a recordarlas todas justo en ese momento.

—No me llames así —ordenó en un susurro que cortaba como el acero

—Es tu nombre.

Y por eso nunca lo utilizaba. No cuando salía a matar. Y eso sucedía desde hacía demasiado tiempo. Aunque no el suficiente para olvidar…

—Ya no es mi nombre. Dejó de serlo cuando me convertiste en lo que soy.

—¿Y qué eres? —la provocó.

Solitaria. Maldita. Asesina. La ira que se había apaciguado en el momento en que él apresó sus brazos, resurgió con ímpetu renovado. Apretó los dientes con fuerza, pero una mueca de odio los dejó al descubierto. Entrecerró los ojos y canalizó toda su fuerza en la parte superior del cuerpo. ¿Qué eres? Volvió a escuchar en su mente. O tal vez fue él que de nuevo decidió provocarla. ¿Qué eres?

—Soy una jodida máquina de matar.

Levantó los hombros, ignorando el dolor de las articulaciones y estampó el cráneo contra la boca del asesino.





La sangre se deslizaba copiosa desde la boca de Devlin, pero él apenas le prestaba atención. Fate se le había escapado de entre los brazos, pero todavía la tenía frente a él, lanzándole golpes que apenas era capaz de detener. Una jodida máquina de matar. Su creación. Todavía era lo suficientemente humilde como para no atribuirse todo el mérito. Pero sí se reconocía una pizca de culpa.

Cuando se había alejado de ella, dejándola sin una sola palabra de consuelo, había apostado que le seguiría. Lo hizo, pero no de la forma que él esperaba.

Durante un tiempo no supo de ella por más que la buscó. Había desaparecido en la noche sin dejar rastro. Cuando volvió a verla ya no era la joven enamorada que recordaba, sino que había crecido hasta convertirse en una mujer con un solo objetivo: vengarse. O así lo veía él.

Parecía haber canalizado toda la ira en el trabajo por lo que, aunque era buena, no era la mejor. Aunque sí lo suficientemente capaz de frustrarle unos cuantos trabajos. Deseaba verlo muerto, pero era lo suficientemente inteligente como para no ensuciarse las manos. Hasta aquella noche.

No podía ponerle nombre al deseo loco que se había apoderado de él para acudir al hotel. Pero había ido y ahora pagaba las consecuencias con sangre. Se chupó la sangre mientras la pelea continuaba y tuvo un momento de alivio al darse cuenta de que no le había roto el labio, momento que aprovechó para revolverse y lanzarle de una patada hasta la cama. Esta chirrió y a punto estuvo de ceder bajo su peso. Fate cayó sobre él provocando aún más ruidos. La rabia la había vuelto descuidada.

Intuía curiosos en los pasillos, rostros llenos de inquietud, algún que otro teléfono alzándose con recelo. No podía consentir aquello.

Se volvió sobre ella en el colchón y la aplastó por segunda vez esa noche… y en unos cuantos años.

—¡Basta! —susurró con un zarandeo—. Vas a hacer que alguien venga.

—No van a desconfiar de mí.

La sacudió como si así pudiera hacerla entrar en razón.

—Martha no me obligues —amenazó—. Sabes que te acabará gustando.

—¡QUE TE JODAN!

Lo hizo.

En un primer momento solo con la boca herida, sin importarle el dolor. Descendió hasta sus labios crispados y los tomó con todo el fervor de un hombre desesperado. La pilló tan de sorpresa que ni siquiera intentó morderle. Se limitó a dejarle hacer sin apartar la mirada, prometiéndole una muerte lenta y dolorosa con el brillo castaño de su mirada, suficiente para hacerle saber un anhelo que nunca reconocería en voz alta.

Los toques en la puerta no le detuvieron, ni tampoco le pillaron por sorpresa.

—¿Señorita? —una voz preocupada se alzó desde el pasillo—. ¿Señorita, está bien? Se han oído ruidos.

Devlin apartó la boca lo justo para advertirle en susurros.

—Empieza a gemir como si te estuviera echando el polvo de tu vida.

De nuevo le respondió su mirada, acompañada de una perversa sonrisa. Alzó una ceja, burlona, como si dudara de semejante capacidad. Como si los años la hubieran hecho olvidar otros gemidos, otros gritos de placer.

Los golpes se hicieron más insistentes y las voces sonaban cada vez más alarmadas.

—¿Señorita, está ahí?

Apretó aún más sus muñecas, pero la mueca de su boca no afeó la sonrisa.

—Te estoy advirtiendo, nena, luego no quiero más culpas de las que me corresponden —apretó las caderas contra su vientre, intentando que su cuerpo resultara más amenazante que sus palabras—. O empiezas a gemir, o hago que te entren ganas.

Silencio en la habitación. Pasos alarmados en el pasillo. Una mano descendiendo sobre la piel blanca, internándose bajo el algodón negro, reclamando un premio. Dientes blancos mordiendo un labio fruncido, una breve resistencia a lo inevitable. Y, por último, un gemido colmado de anhelo.

Revista Escritores Independientes

¡Por fin! Ya se puede descargar la Revista del Grupo Escritores Independientes. Este primer número (número 0) está dedicado a la Fantasía Épica. En ella he aportado mi pequeño granito de arena y espero que no sea la última vez que puedo participar en ella. Os dejo el link de descarga, desde donde podréis leerla online si lo preferís. Solo puedo decir que en ella no sólo hay palabras: hay ilusión, hay esperanza y, sobre todo, hay mucho mucho talento. Espero de verdad que os guste.

Mi Tiempo



La vida pasa y ella lo intenta. Una y otra vez. Aunque cada día menos. Sigue siendo una extraña.

No le importa. Pero le importa.

Peor aún, le frustra. Un único ser en medio de la multitud. Ajena, rodeada de los que se supone son sus semejantes.

No sólo se frustra, también está confusa. Sobre todo cuando pasa tanto tiempo alejada del mundo en el que realmente se siente como en casa. El de los sueños; el de la magia. El de las letras y las palabras. El de la música silenciosa que envuelve el alma.

A veces, ese sentimiento le hace rugir de ira. Toma la máscara e la indiferencia y cubre la desolación de su rostro. Después cierra las presillas de la adamantina armadura y se parapeta tras la protección de un escudo impenetrable.

Entonces espera. Hasta que el tiempo y la fatiga le hace bajar la guardia. Hasta que el acero se funde en el calor de una palabra amable, de un gesto bondadoso.

Se relaja. Se ofrece. Vuelve a creer en la esperanza.

Y la decepción golpea de nuevo cuando las defensas están bajas.

Siempre lo mismo.

Siempre igual.

*  *  *  *  *


Con esta patética exposición, me despido durante una temporadita. Quiero hacer cambios en el blog y, mientras, quizá también haga alguno en mi vida. Tranquilos, que todos serán para mejor XD.

No me olvido del relato de Lhyn, cuando vuelva lo publicaré entero. El blog de Jenna Vlane sigue activo, es sólo que con el caos y el cansancio que tengo ahora mismo, me cuesta sentarme a escribir.

No sé cuánto tiempo estaré fuera. Pero vuelvo, eso seguro.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

No estoy para mensajes creativos ni ingeniosos. Tampoco para muchas fiestas. Pero tampoco podía llegar la Navidad y marcharse sin que os felicitara a todos las Fiestas y os mandase mis mejores deseos. El balance del año casi que lo haré en Noche Vieja. Hoy me limitaré a dejaros un regalito para estos días.

Os regalo una de mis grandes pasiones: el ballet. Como no podía poneros el Cascanueces entero, os dejo el Pas-de-Deux. El Gran Pas-de-Deux de Misako Yoshida y Steven McRae, del Royal Ballet. He visto interpretaciones buenísimas, pero como la de esta mujer, ninguna. Que lo disfrutéis tanto como yo.

Besos enormes y FELIZ NAVIDAD!!

Asesinos II



Segunda entrega de la historia para Lhyn. Espero que os guste!

ASESINOS (II)

Esta vez cobraría ella. Pero Devlin, el asesino, no podía irse sin joder la fiesta.

Una de las cosas que Fate no había podido calcular del todo bien era la salida. Tenía pensado dirigir a Viktor a una de las salas privadas y desaparecer antes de que nadie se diera cuenta de que el que descansaba sobre la cama no era el traficante, sino su cadáver. Con la aparición de su competidor había apresurado la muerte, envenenando al hombre en medio de una fiesta atestada, con una docena de mujeres haciendo cola para complacerle.

Todavía estaba estrujándose el cerebro para encontrar una salida a su problema cuando vio que el asesino se apartaba los faldones del abrigo de cuero, sacaba dos SIG Sauer automáticas y apuntaba al sofá donde todavía temblaba el moribundo.

¡Hijo de puta!

Si le metía una bala antes de que palmara, y la autopsia revelaba que el veneno no era el causante de la muerte, se quedaba sin los dos millones. ¡Una mierda! Ella no se había dejado besuquear para nada.

Agarró la cabeza rubia y le rompió el cuello de un tirón. Un segundo después, Devlin apretaba los gatillos y desataba el caos. Fate tuvo que dar un salto imposible para quedar fuera de la trayectoria de las balas.

El sofá se llenó de agujeros, igual que el cadáver, y trozos de tela y madera salieron volando por la sala. Los gritos de la gente se mezclaban con el de la música de los Skulls y aumentaban de volumen mientras corrían para salir de allí, mientras los guardias peleaban por entrar. Las balas silbaban alrededor de Fate, que gateó en dirección a la puerta, bien pegada a la pared.

A veces se sentía con la obligación moral de ayudarle. Aunque rivales, también eran compañeros de trabajo —por llamarlo de alguna manera. De hecho, tenía que reconocer que la actuación del hombre, le había dejado vía libre para escapar. Incluso aunque la hubieran visto cargarse a Viktor, todavía tenía el corpiño desabrochado y seguía siendo hermosa y pareciendo desvalida, por lo que consiguió llegar hasta la puerta sin interrupciones. En el umbral, se irguió y echó un vistazo a la caótica sala.

Devlin se resguardaba tras el sofá maltrecho y los guardias, aunque agachados y en ventaja por la superioridad numérica, caían como chinches. No por nada, Fate y Devlin eran los mejores. Y, en una ocasión, él había explicado muy bien el porqué.

«Pequeña, nosotros siempre salimos victoriosos por una sencilla razón: No tenemos principios.»

Y había acertado de lleno. Una de las veces que asomó la cabeza sobre el sofá, Fate captó su atención. Le otorgó una beatífica sonrisa y se despidió de él con un ligero movimiento de sus dedos. Acto seguido, salió de allí en dirección a la libertad, dejando a su espalda el ruido de las balas.



Ya en el hotel, Fate se despojó de los rastros de violencia bajo el chorro del agua hirviendo. Y con ellos, de las últimas fuerzas que le quedaban. Había sido cuidadosa con el veneno, pero no tanto como debería y el entumecimiento resultaba bastante molesto. Su cuerpo no respondía con la velocidad necesaria y eso le ponía en un serio peligro.

Cada cierto tiempo se oían sirenas en la calle, pero no gritos asustados en los pasillos. Por esa razón había elegido el Premier Palace Hotel de Kiev. La policía no molestaría a nadie que se alojara en un hotel de lujo. Aún así, no le gustaba sentirse en desventaja, sobre todo porque la policía no era el enemigo que esperaba.

Salió de la enorme bañera de la que apenas se había permitido disfrutar y se envolvió en una esponjosa toalla. Se dejó caer en la enorme cama de matrimonio, donde tan sólo se vistió con la ropa interior. Mantuvo los ojos abiertos y los oídos alertas, pero no captó nada que pusiera en peligro su integridad física. Se dedicó a memorizar las líneas onduladas de los muebles antiguos y a repasar con cuidado cada sombra de la habitación. Aunque sabía que estaba sola, no se atrevía a rendirse al sueño.

El intento por mantenerse despierta fue inútil. La tensión empezaba a pasarle factura y la toxina no quería dejar su organismo. Con un suspiro entrecortado, se quedó profundamente dormida.



Fue la experiencia lo que la despertó, más que sus sentidos aletargados. Quizá el olor ferroso de la sangre o el picante de la pólvora. Lo que fuera, tenía compañía y no sería agradable.

Supuso que había descansado unas dos horas, suficiente para que su cuerpo se repusiera, y más de lo que realmente esperaba. No abrió los ojos y su respiración continuó estable y profunda. Tampoco tuvo que mover el brazo para coger el cuchillo Phoenix de debajo de la almohada. Siempre dormía con él en la mano. De otra forma se sabía incapaz de pegar ojo. Se limitó a esperar el primer movimiento de su visitante.

El aire se movió antes de que el hombre se tirase sobre ella. Estaba preparada para girar y clavarle el cuchillo en las entrañas, pero su oponente era diestro y le sujetó la muñeca cuando la punta quedaba a escasos dos centímetros de su vientre. Se miraron a los ojos un instante, los suyos oscuros y somnolientos, los de su oponente verdes como el jade pulido con esmero. Hacía mucho tiempo que no sentía el impacto de su mirada tan de cerca y había olvidado lo sobrecogedora que podía llegar a ser la experiencia. Devlin sabía cómo atraparte con su fuerza y también cómo destruirte en un parpadeo. No le dio más tiempo. Alzó una rodilla y la clavó en su estómago. El golpe la permitió levantarse, pero su mano poderosa le arrebató el cuchillo.

Ambos giraron y se enfrentaron desde lados opuestos de la cama. Fate pudo verle entonces aunque las lámparas seguían apagadas. Su ropa de cuero estaba destrozada entre agujeros de bala y cuchilladas. Devlin lucía varias heridas que no parecían demasiado graves. Ni siquiera se preocupó por él. Si se había molestado en ir a buscarla, no estaba moribundo. Y las fuerzas estarían equilibradas en la lucha.

—Bonito trabajo —fue él el que rompió el silencio y en su voz profunda descubrió el reconocimiento—. Un poco chapuza al final, pero acabaste saliendo.

Fate acogió el medio halago con una inclinación de cabeza.

—Gracias por intervenir —agradeció con sarcasmo y algo de ronquera por el sueño—. No estaba segura de cómo iba a salir hasta que empezaste a pegar tiros.

Devlin devolvió el gesto, pero no pudo evitar una maldición, ni ella una sonrisa triunfal. Él empezó a moverse hacia los pies de la cama y Fate le siguió.

—Lo que no me gustó fue que me dejaras a mi suerte —era el único hombre que conocía cuyos reproches no sonaban a ataque.

—Sin principios, ¿recuerdas?

—No era necesario que te lo tomaras al pie de la letra.

—Siempre me gustó ser literal —bromeó ella.

—También intentas ser la mejor —le picó él, con maldad.

—Lo soy.

—De eso nada. Aún estoy vivo muy a tu pesar.

Les separaba el ancho de la cama y toda una vida de rivalidad. Él echó la cazadora hacia atrás con un fluido movimiento de los hombros, dejó que resbalara por sus brazos y la lanzó sobre una silla, de forma descuidada. Fate admiró la gracia con la que se movía y también los músculos que apretaban las mangas de su camiseta. El cosquilleo de la primera vez volvió a asaltar su estómago y se odió por la incómoda sensación. No sólo Devlin era el mejor, sino que seguía afectándola a pesar de su sangrienta historia.

—Vamos a ponerle remedio a eso —susurró al tiempo que afianzaba los pies en el suelo y se preparaba para el primer ataque.

*   *   *   *   *

Y aquí la banda sonora: Warrior, de Disturbed.