Erotismo


"El erotismo es ojos más inteligencia, oídos más inteligencia, tacto más inteligencia, lengua más inteligencia, pituitaria más inteligencia, lo demás es pornografía"
Julio Cortázar

Dolor de Amor


¿Qué he hecho? – me pregunto -,
¿Qué he podido hacer
Para no merecer este amor
Que tanto me hizo enloquecer?

¿No me he preocupado bastante?
¿Quizás me he preocupado demasiado?
Ni un momento se apartaba de mi mente
¿Cómo quedó mi corazón desahuciado?

¿Malo es desear su presencia?
Sólo una cosa he aclarado:
Soy yo quien sufre su ausencia
Ahora que mi lado ha abandonado

¿Qué hice para merecer su olvido?
Apenas pedí una parte de su alma
Quizás esperaba demasiado
De alguien que nunca ha tenido constancia

Rogaba por su interés
Y tan sólo su compasión encontré
¡No quiero lástima, sino amor!
¿Tan difícil es de comprender?

Lo que me hace sufrir es
Un engaño de mi esperanza
Perdonaría sus malas intenciones
Incluso si fingiera sensaciones falsas

Y el mentiroso sigue siendo él
Que en ocasiones juró quererme
Y ahora cae a trozos mi fe
Por la crueldad de sus acciones

Que sin tener en cuenta mis emociones
Han hecho que pierda raudo mi amor
Sin poder clamar el dolor de mi ser
Que sigue clamando por su querer

¿Y ahora qué haré yo
Ya que ni mi amor me pertenece?
Y se va desgarrando mi alma
Sin poder creer todavía
Que él es el autor de mi desgracia.

Hasta Siempre

Dices “hasta siempre”
Y destrozas mi corazón
No me amaste como hombre
Yo lo hice con tesón

Te echaste atrás por miedo al amor
Nunca, mi vida, te habría dañado
Tu cobardía pudo con mi valor
La felicidad pareces haber olvidado

Superé las barreras que mi mente creó
Pensé que mi ejemplo seguirías
Mi esperanza pocas veces te importó
Tonta fui al creer que lo harías

Ahora te lloro sin mucha razón
Recordando lo mucho que me quisiste
Y dentro de mí crece la desazón
Al recordar el “hasta siempre” que me dijiste.

Lágrimas


Tu amor creí haber encontrado
Mas siempre tú me has defraudado
Mi tumba cavaste, pero también la tuya
Pues yo te he querido como ninguna

Tu corazón en algún momento tuve
Aunque en tela de acero esté ahora encerrado
Mi palabra de amiga que yo tanto mantuve
Con tu cruel comportamiento has rechazado

Me duele dejarte, mas no hay otra opción
Aunque no olvidaré aquella sensación
Pero esclava de tu amor no seré eternamente
Mi dolor es un hecho, no está en mi mente
Podré olvidar lágrimas del pasado
Por el presente, no te consideres nunca perdonado.

El lector que haya intimado...


“El lector que haya intimado con las severidades del trabajo de redactor no necesitará pormenores; como escribió y le pareció bueno; releyó y le pareció vil: corrigió y rompió; omitió; agregó, conoció el éxtasis y la desesperación; tuvo sus buenas noches y sus malas mañanas; atrapó ideas y las perdió; vio su libro concluido y se le borró; personificó a sus héroes mientras comía; los declamó al salir a caminar; rió y lloró; vaciló entre uno y otro estilo; prefirió a veces el heroico y pomposo; otras el directo y sencillo; otras los valles del Tempe; otras los valles de Kent o de Cornwall; y no llegó nunca a saber si era el genio más sublime o el mayor mentecato de la tierra.”


Orlando, Virginia Woolf


¿No te sientes identificado? Yo, cada vez que lo leo.

Lamento


Lamento el día que tu voz oí
Con ese timbre que mi cuerpo sedujo
Dolor sentiré pues tan lejos de mí
Más fácil es que se rompa el embrujo

Lloro porque mirarte quiero y no debo
Y aquello que debo mirar no lo quiero
Mi alma grita y yo desespero
Pues tú has robado mi corazón entero

Pecado parece amar a un ladrón
Ladrón arrogante, viril y dulce
Dulce mientras me enamora con su canción
Viriles las manos que a ese amor inducen

Mis lágrimas tu pecho mojan al caer
Señales encarnadas en mis mejillas dejan
El fuego de su lengua sobre mi piel
Trastornan mi cuerpo mientras mis labios penan

Penan por un amor que es prohibido
Por una pasión que no debería haber sentido
Por ese calor que llena el vacío
De mi ser, antes cargado de hastío

Me rindo a sus besos
¿qué otra cosa puedo hacer?
La mente a mis ruegos no ha respondido
Con sinceridad digo:
No sé si quiero perder
Aquello escondido que por él ha aparecido.

(2000)


Ya no puedo sentir
Más de lo que ahora siento
Ya no puedo vivir
Si no te tengo en mi pensamiento.

En mí ya no hay realidad
Me paso el día en un sueño
¿A quién le importa soñar
Cuando los sueños te tienen de dueño?

La noche me parece el día
El día me parece el cielo
El cielo a tu lado tocaría
Pues bien podría alzar el vuelo.

La alegría se torna desesperación
Porque a tu lado no puedo estar
¿Cómo frenar esta pasión
Que de mi sangre no deja de manar?

No nos podemos tocar
Ni siquiera nos podemos ver
Tus labios quisiera besar
En tus labios quisiera aprender

Sentir tu cuerpo junto al mío quisiera
Fundirnos al calor de uno solo
Que el éxtasis recorrer mis venas pudiera
Derretirnos juntos y derretirlo todo

En la luna se proyecta la imagen
De dos cuerpos entrelazados
Sin un centímetro de margen
¡Son dos cuerpos enamorados!

Te quiero y siempre te querré
Aunque algún día el amor se nuble
Sin duda el sol volverá aparecer
Y pronto se olvidará aquella nube

La distancia no existe
Entre dos corazones que se aman
El amor siempre persiste
Aunque no sepamos nunca lo que trama

Mi amor, te quiero por lo que eres
Mi amor, te amo por lo que me das
Si algún día que te abandone temes
Piensa que mi vida junto a tu vida está

VI. Confusión





Pasan los años… Y él todavía se pregunta cómo cayó en una trampa tan vil. No termina de acostumbrarse a la naturaleza de la bestia que se agita en su interior. Ni a la aterradora belleza de su mundo. Le apasiona, pero a la vez le asquea.
¿Cómo algo hermoso puede condenar la vida, la humanidad?
El cambió su humanidad por una noche de éxtasis que luego no fue tal. Y el recuerdo de tamaña estupidez le perseguirá siempre.
Y, esta vez, siempre es mucho tiempo… Una eternidad.
Se solaza en su quimera todas las noches, pero no consigue olvidar su error. No encuentra el placer que busca entre sus brazos. Ella le habría matado aquella primera noche si hubiera mostrado el mismo entusiasmo. Pero un despojo maldito nunca podrá competir con su cuerpo de antaño. Ardiente. Vibrante… Vivo.
Ahora, encaramado en lo más alto de la torre del campanario, entre sus amigas las gárgolas, observa el cielo negro plagado de estrellas, mientras ruega por una intervención divina que le libre de sus más bajos instintos.
Apoya su mano derecha en Deimos, la gárgola en forma de pájaro infernal. La izquierda, en Fobos, el demonio astado que parece salido de la mismísima morada de Lucifer. También ellos parecen mirarle con reproche por no aceptar la naturaleza de su condena. Una naturaleza que el resto de los malditos adora y disfruta.
Todos le rehúyen. Lo conocen como aquel que reniega de las maravillas de su nueva vida. Como aquel que no disfruta de la esencia de la sangre. Es un paria entre los condenados. El más maldito entre los malditos. Una criatura de la noche que aborrece el brillo de la luna. Un ser repleto de sombras que sueña con ser alcanzado por un rayo de sol.
Sólo Ella es su consuelo en la perpetua oscuridad. Su carácter ansioso y vivaz le atrae como la muerte al gusano. Ansiosa por la risa, por el mundo, por la vida…
Bebe de Ella, intentando recuperar con su sangre las condiciones perdidas, rechazando los talentos encontrados, aborreciendo cada segundo las necesidades impuestas. Todavía maldiciendo por haber conocido a una quimera una noche de verano.
Su mundo es el invierno; nunca más sentirá la hierba caliente por el sol en las plantas desnudas de sus pies. Sólo la siente húmeda y fría.
Su mundo es el sueño; nunca más verá a los animales retozar bajo los rayos del sol. Tan sólo a las pequeñas alimañas guardando la noche eterna.
Un chapoteo se oye a su espalda, procedente de la laguna maldita. Se gira lentamente hacia el otro extremo de la torre, resignado a que aparezca algún ser de su especie para perturbar la paz tan fervientemente buscada. Sabe que no encaja en la antigua casa de placer, con sus moradores oscuros y sus hábitos viciosos. Pero no sabe a dónde huir. Y nunca le ha gustado estar solo.
Se apoya en la piedra, oteando por entre los cipreses y las ramas de los chopos la superficie oscura del agua. Ni un soplo de brisa. Ni el canto de un grillo. Tan solo las ondas hipnóticas deslizándose con suavidad hasta la orilla arenosa.
Una explosión de agua interrumpe la calma, y una belleza morena aparece de la nada como una ninfa de plata a la luz de la luna. La oye cantar y reír. La ve sumergirse de nuevo. Y le atrae hacia ella como una sirena.
No duda en bajar de la torre y dirigirse a su llamada.
Reconoce su risa.
Es Ella.
Se detiene al cobijo de una línea de tres chopos, para observarla sin ser visto. Un rugido desdeñoso desgarra su garganta. Esa es su naturaleza. Observar sin ser visto. Ver los días pasar sin saber cómo disfrutarlos. Tan sólo esconderse de su mundo de tinieblas.
Y Ella es luz en la oscuridad. La cura de su alma rota, que se desangra cada segundo un poco más.
Como cada vez que la ve, siente un hambre voraz, y una sed que le hace desear estar muerto. Cada día, de cada semana, de cada mes durante todos esos largos años, ha mancillado el cuerpo ardiente con su boca y su miserable enfermedad. Bebiendo de Ella su sangre; y con cada gota de sangre, un pedacito de su alma, intentando así restaurar la suya perdida.
Ella… Más allá de toda belleza, es cálida, y está viva. Y consigue que su corazón apagado lata con una fuerza que no tenía siendo humano.
La ha visto crecer. Ha pasado de ser una adolescente prometedora a toda una mujer arrebatadora. Todo curvas y piel ardiente.
Puede verla en la distancia como si estuviera a sólo unos pasos. Se deleita con la visión de sus miembros largos y desnudos. Recorre ávido con la mirada su silueta, siguiendo la línea de los finos huesos de sus brazos; acariciando con las pupilas la curva sinuosa de su hombro, para perderse en el hueco de su elegante clavícula. Descendiendo después hasta la marca perpetua de su seno izquierdo.
Un estremecimiento recorre su espalda ya de por sí helada.
Su marca.
El la ha tatuado para el resto de su vida… Y quiere matarse por ello.
Pero se acerca a la orilla con pasos lentos, sus pisadas atenuadas por la mezcla húmeda de tierra y hojas muertas. La huele en la distancia. Siempre sangre y especias. Ese aroma que la hace única en su mundo corrompido. Un olor que le tortura a cualquier hora del día y de la noche. Y que es más fuerte con cada zancada que da en su dirección.
Se vuelve sin sobresaltos. Está acostumbrada al mundo en el que ha crecido, para el que ha nacido. Esclava de sangre de los malditos. Aunque desde que la mordió por primera vez, se ha dedicado en exclusiva a él, en cualquier momento puede ser reclamada por otra criatura. Sólo de pensar que otro pueda maltratar su cuerpo, sus entrañas se revuelven contra la posibilidad. Y por las miradas que viene observando, no tardarán en llamarla.
Le sonríe con dulzura y saluda con un gesto de la cabeza. Empieza a dar saltitos hacia él, hasta que el agua le llega a la cintura y puede andar con mayor facilidad. Se le seca la boca al contemplar su desnudez. Desea ser el agua que resbala perezosa por sus muslos, la arena que se adhiere a sus pies esbeltos. La gota que se balancea en la punta de su nariz y que cae en su vientre, perdiéndose en los rizos oscuros entre sus piernas.
Pero sobre todo, desea hundirse en ella, clavar sus colmillos profundamente y convertirla en lo que él es para salvarla de la posibilidad de que otro la reclame.
Ella es suya… Y la marca de su pecho así lo advierte. Pero su debilidad para enfrentarse al resto de su especie la está llevando lentamente a la ruina.
Se detiene frente a él, a escasos centímetros. Le observa tan fijamente como él a ella, sin una pizca de temor. Alza una de sus suaves manos para apoyársela en la mejilla y sonríe comprensiva.
—Estás hambriento.
Le acaricia hasta la nuca, y empieza a acercarle a ella. Apenas tiene que hacer fuerza, él se dirige ansioso a su alimento.
Bebe de Ella con ansia, maldiciendo cada gota vital que se cuela en su garganta, pero disfrutando de cada segundo que está en contacto con su piel. Pronto su hambre es saciada y se aparta con aspecto avergonzado, intentando no mirar sus ojos oscuros.
—Lo siento.
Sonríe compasiva y vuelve a acariciar su mejilla helada.
—Llevas años diciéndome lo mismo cada vez que te alimentas. Sé lo que soy. Me criaron para esto y lo acepto —acaricia sus labios, ahora de un rojo brillante, con el pulgar—. Tú, sin embargo, rechazas las ventajas de la sangre —silencio—. ¿Por qué?
Fija sus pupilas en Ella, del todo asombrado. Nunca han hablado. Jamás han mantenido una conversación. En todos esos largos años, él nunca pensó que la joven pudiera sentir curiosidad por sus acciones, ni por sus sentimientos. Ni en sus más oscuros sueños ha imaginado que Ella se interesara por algo tan despreciable como él. Y ahora…
—Yo no soy como tú —empieza algo cohibido—. Yo no nací así. Cometí un error que mereció un castigo eterno —alza una mano hasta posarla sobre la de la mujer, acariciando los dedos largos con verdadero placer—. No condeno  los poderes de la sangre, sino el daño que tengo que hacer para poder disfrutarlos.
Baja la mano por su brazo todavía algo húmedo, hasta llegar a la marca de su seno. Con un sollozo, se deja caer de rodillas frente a Ella, apoyando la cabeza en su pecho.
—Siento esa marca que he dejado en ti para siempre, igual que lamento mancillar tu cuerpo cada noche.
Sus brazos le rodean el cuello, acercándole más aún a su corazón.
—Siempre llevaré con orgullo esta marca y me siento honrada de poder mantenerte vivo con mi sangre.
Hunde los dedos en su pelo, provocándole sensaciones que creía olvidadas, mandando una descarga de lujuria por sus miembros aletargados y despertando su maltrecho corazón con sus palabras sinceras. Otra razón más para amarla; nunca le engañaría, siempre intentaría convencerle con la verdad.
—Adoro la sensación de tu boca en mi piel —continúa algo avergonzada—. Adoro cada momento que no consigues mantener el control de tus manos y se apoyan en mi cintura mientras bebes. Deseo que pasen las horas con celeridad hasta que llegue el momento en que vuelva a verte para poder mantenerte vivo – le aprieta aún más contra su pecho –. Lo único que siento es no poder rechazar la llamada de otro maldito. Quiero ser únicamente tuya, mantenerme pura para ti.
Alza la cabeza, intentando mantener la boca cerrada. ¡Le desea! ¡Le ama! De la misma forma que el a Ella. Con la misma necesidad.
Pero otro ya la ha llamado. Y él cree saber quién.
—No puedes ir con él —ordena, con la certeza de que va a perderla.
—Lo que no puedo es rechazarle mientra sea mortal.
Sus palabras son elocuentes, pero más aún la mirada de desolación y esperanza que aparece al decirlas.
Se levanta con rapidez y camina hasta apoyar la frente contra la dura corteza de un chopo muerto. Oye  a las hormigas corretear por el interior. Escucha los insectos comer la madera podrida. Y a su cabeza vuelve el recuerdo de su dolor, de la falta de  aire, de los chasquidos de sus huesos, de la quemazón en su interior. También la soledad y el aislamiento. La sensación de no encajar en ninguna parte. ¿Cómo podría condenar a una vida al tormento que él sufriría para siempre? ¿Podría maldecir al único ser que amaba a una vida incompleta?
El pensamiento cruza con celeridad por su cabeza.
Sí.
Porque la ama, hará lo que Ella le pide. Y también por su necesidad de que sea sólo suya. Por amor… Y por egoísmo. Nunca ha sido una persona honorable y ahora lo demuestra al considerar siquiera su propuesta.
—No, no puedo —contesta al fin, con el corazón encogiéndosele en el pecho—. No puedo maldecirte como hicieron conmigo.
Una mano se apoya en su espalda. Se desliza arriba y abajo por su camisa de seda blanca. Otra mano se une a la primera hasta que le rodea con los brazos y acaba apoyando la cabeza sobre sus hombros, apretándole con fuerza, como si quisiera fundirse en un único ser.
—Sé que odias lo que eres,  pero convertirme en lo que más odias, es la única forma de que estemos juntos —su voz es un susurro de terciopelo en medio del canto de los grillos—. Tengo miedo de que acabes odiando esta vida que te adora, pero aún así seré tuya y de nadie más.
La estrecha entre sus brazos y la besa en los labios.
¿Cómo negarse a ella?