Todos creen que me gusta vivir en su tripa. Y no se equivocan.
No era feliz en el manantial, buceando hasta las profundidades musgosas, jugando entre las palmas de los cisnes, escondiéndome de los peces entre las escurridizas algas. Fue precisamente por culpa de una trucha que acabé perdido en la tubería.
Aquello parecía una broma pesada. Curva por allí, codo por allá, tirabuzón por acullá. Otro quizá habría disfrutado del tobogán, pero yo tengo forma helicoidal. Soy como una espiral a la que han estirado por los extremos. Me retuerzo sobre mí mismo como un gusano con retortijones. Así que entre mis vueltas y las de la cañería, caí tan mareado al vaso que apenas disfruté de un instante de luz antes de que ella me tragara.
Podría decir en su favor que no sabía que yo iba en el agua. Pero no lo haré. Desde que sabe que vivo con ella, ha hecho todo lo posible por acabar conmigo. Así que no pienso tener piedad alguna.






