Regalito para María

Por supuesto, María también tiene que recibir un regalo de mi parte. Desde que encontró el blog, siempre ha tenido una palabra amable para todos mis escritos. Y su blog es una maravilla de reseñas, que nos deja a todos queriendo más. Por eso, se merece este detalle.


Muchas gracias por estar siempre ahí!!

Regalito para Citu

Otra persona a la que me gustaría hacerle un pequeño regalo es a Citu (si pincháis en su nombre podéis dirigiros a su blog). Es una persona muy tierna y con un gran corazón. A parte de una increíble escritora. Es maravilloso el esfuerzo que realiza para poder deleitarnos con sus historias. Por eso, a parte de porque es otra de las personas que ha estado conmigo desde el principio, quiero entregarle este detallito.


Muchas gracias por estar siempre ahí!!

Regalito para Iris

Este es un regalo para Iris. Resulta que el otro día fue su cumple-mes (quizá algún día me entere de qué es eso XDD). El caso es, que cuando yo creé el blog fue de las primeras que se hizo seguidora, y ha estado ahí día tras día. No soy amiga de repartir premios. Pero sí me gustaría hacerle a ella un regalo, de corazón y totalmente desinteresado. No sólo por ser una gran escritora que nos ameniza los días con sus increíbles historias. Si no por ser la magnífica persona que es.


Muchas gracias por estar siempre ahí.

Bochorno


Bochorno.
Ardiente infierno de una tarde veraniega.
Nubes embarradas en un cielo cubierto de polución.
El fétido aliento de una urbe masificada.

El viento arenoso golpea tu cuerpo con más fuerza que cien dagas de filo envenenado. Corres por las calles llenas de la basura humana que se esparce con la furia del aire ardiente. La atmósfera plomiza de ese calor asfixiante te empuja hacia el suelo como una capa de hormigón.

No te puedes mover.
No puedes pensar.
No puedes huir.

Si acaso escuchar los pitidos de furia de los coches recalentados. Los gritos de la intolerancia en las calles atestadas. El odioso ruido del ventilador que remueve el aliento que tu boca ha exhalado. Y ese incesante viento que amenaza con acuchillar los cristales de tu alma. Provocando el mismo grito que las ramas de los árboles cargadas de inútiles hojas golpeando contra las ventanas.

Y ni una gota fresca que se cuele por tu garganta, reseca de tantos gritos silenciosos. Ni un amago de brisa gélida entre la niebla contaminada de la ciudad.

La sangre se evapora en las venas lentamente, ralentizando el ritmo de ese corazón cansado de latir contra la ira injustificada. El pulso se apaga como la llama de una vela ahogada por un caparazón de metal. Que sea otro el que se implique en la lucha por la supervivencia.

No hay príncipe azul con un cáliz cristalino, que te monte en su caballo blanco con crines del color de la espuma del mar agitado. No hay caballero de brillante armadura que deslice la espada en su vaina, provocando el sonido de un soplo de aire fresco.

Nadie más aparte del bochorno
y tú.

M.E. 2: Una noche con la diosa del deseo V

— Anterior: Parte IV —


Ares y Afrodita

Empujó dentro de ella una y otra vez. Y siguió haciéndolo hasta que pensó que el placer lo consumiría junto a ella. Su pequeño cuerpo no se adaptaba a sus embates con facilidad, pero eso sólo significaba que el dolor que la ocasionaba se transformaba en el acto en un placer delirante que la hacía gritar sin freno.
La tenía aprisionada contra la mesa y los brazos de Afrodita se agitaban y golpeaba contra la superficie pulida. Nunca la había gustado sentirse indefensa, pero en ese momento era así como la quería. Rendida completamente a él, incapaz de utilizar sus artes de diosa del placer, sino recibiendo un poco de su misma medicina. Los dedos de Ares se clavaban en su espalda, dejando marcas rojas en su piel de alabastro. Se sentía como una bestia desatada, alimentándose de su presa.
Y, ¡por los dioses!, que él estaba disfrutando más que en toda su vida.
Su pequeño sexo estaba más resbaladizo que la piscina de lapislázuli en la que se había bañado, y por mucho que intentara cerrarlo a él, su miembro siempre conseguía abrir la entrada y adaptarse a los estrechos contornos del túnel que lo cobijaba. Esa estrechez le provocaba tal placer que a punto estuvo de eyacular a la segunda embestida.
La velocidad de sus caderas aumentaba a cada segundo. La potencia a cada milésima. En la habitación resonaban las palmadas que daba su vientre contra las nalgas ya enrojecidas de la diosa, junto con los gemidos desbocados que escapaban de su garganta. Dejó de sujetar su espalda para tomar los dos perfectos glúteos en sus manos. Los apretaba y separaba, abriendo aún más la carne de Afrodita y así poder hundirse en la carne divina. Ella sollozaba por un orgasmo infinito que no había tardado en asaltarla, pero que no pretendía abandonarla tan fácilmente. Él se sintió así el dios más poderoso del Olimpo, capaz de hacer llorar de placer a la mujer más experimentada del Universo. Y no tardó en dejar libre su propio placer, que se escapó en potentes descargas en el interior del vientre de la diosa.

Poco tiempo después, fundidos en un ardiente abrazo, Afrodita ya había olvidado el ataque del que había sido víctima, el dominio al que Ares había sometido su cuerpo. Tan sólo recordaba el intenso éxtasis que la había disuelto en un caleidoscopio de maravillosas sensaciones. Ronroneó como una gatita saciada y se volvió en el colchó sobre el que habían aterrizado minutos antes, acoplando sus nalgas desnudas en la curva de las ingles de Ares. Él gruñó como respuesta, depositando suaves besos en sus hombros y rodeando la cintura de la diosa con un brazo. Su miembro empezó a erguirse en el acto, haciéndose hueco entre las piernas de Afrodita.
—¡Aah, mi amor! —gimoteó, moviendo el trasero contra él—. Aún no has tenido bastante.
Se impulsó con sus poderosos brazos, hasta quedar sobre ella, donde podía besarla a placer. Su boca era tan dulce como un bote de miel y él siempre tenía hambre a su lado. Ella respondió al beso de forma feroz, enroscando los brazos y las piernas entorno a él, moviendo las caderas contra su vientre para empezar de nuevo el juego.
Ares decidió perderse de nuevo en la tortura lujuriosa de su cuerpo. Al fin y al cabo, a eso se arriesgaba cada vez que pasaba una noche con la diosa del deseo.

M.E. 2: Una noche con la diosa del deseo IV

— Anterior: Parte III —


Venus y Marte, Tiziano
Ya se había dejado torturar demasiado.
Ares se retorció en la cama, tirando con fuerza de las ataduras que, por mucho que hubiesen sido fabricadas por Afrodita, no eran rival para un dios de la guerra.
Ella ya se había divertido bastante.
Durante horas lo había torturado con su cuerpo desnudo, contoneándose frente a él. Muy cerca de él. Pero no lo suficiente como para poder tomarla en su boca, ni para hundirse en su cuerpo. Hasta el punto de excitarse ella misma, como había apreciado en su carne jugosa y resbaladiza; la misma que había puesto unas cuantas veces sobre su rostro y que luego había retirado antes de que su lengua la alcanzara.
Sí, ella se había excitado y también se había entretenido a su costa. Ares, como poco, pensaba que era la tortura más vil a la que había sido sometido jamás. Los rosados pezones al alcance de su boca y al mismo tiempo del todo inaccesibles. Y su risa. En todo momento su risa tintineaba junto a su oído y mandaba corrientes de placer por todo su cuerpo. Le acariciaba la piel como plumas de lava y se enroscaba entorno a su miembro como una lengua juguetona.
Sí, ya se había divertido bastante. Y ahora le tocaba a él.
Las correas se rompieron con un chasquido y Ares por fin estuvo libre. Un gruñido de guerra nació en lo más hondo de su vientre y lo dejó escapar al tiempo que se levantaba de la cama. La alegre diosa se había paralizado a los pies de la cama. Una estatua del más fino mármol que un escultor humano jamás habría soñado cincelar. Su rostro era una mezcla de emociones contradictorias. Desde la más perversa fascinación, hasta el temor por lo que su amante enfurecido pudiera hacerle.
Normalmente, sus juegos terminaban con una lenta penetración que ella misma conseguía, sentándose sobre las caderas de Ares. Afrodita alcanzaba su propia liberación mientras él sembraba la semilla divina en su vientre con una fuerza desgarradora. Y quedaba tan saciado que olvidaba las torturas previas y se fundía con ella en un abrazo.
Esta vez, quizá había ido demasiado lejos.
Eso parecía al menos, al verlo erguido, con su cuerpo curtido, duro y listo para una batalla. O más bien, la batalla ya había terminado en el último chasquido liberador y el guerrero estaba preparado para cobrar su premio.
—¿Ahora me tienes miedo? —preguntó con la voz casi rota, sin dejar de observarla con los ojos inyectados en sangre—. ¿O es que la prudencia ha vuelto a tu cuerpo?
Afrodita se estremeció al oírle, pero no dio ninguna otra muestra de temor
—No te temo —contestó con más seguridad de la que sentía—, tú nunca me harías daño.
La risa del dios era casi más aterradora que su furia.
—En circunstancias normales no se me ocurriría —caminaba hacia ella despacio, haciendo círculos. Parecía que se alejaba de su objetivo, pero lo cierto es que cada vez estaba más cerca—. Ahora —prosiguió—, cuando mi cerebro está embotado por la lujuria que tú has provocado, lo único que quiero es torturar tu cuerpo como tú has hecho con el mío. Dejarte tan necesitada de placer que supliques por piedad.
Tan sólo la distancia de un brazo los separaba y Ares podía ver cómo la carne de su amante vibraba con expectación.
—Pero lo cierto —en un rápido movimiento, atrapó su cintura y la volvió, apretándola hacia abajo, dejando que sus pechos se aplastaran contra la mesa de oro macizo—, lo cierto es que no tengo paciencia para eso.
Y penetró en ella con la fuerza, sin prepararla para la invasión de su imponente erección.

Gracias!!

Quiero dar las gracias a todos los que me habéis felicitado por mi cumple. Me ha hecho mucha ilusión poder compartirlo con vosotros. Sin duda ha sido uno de mis mejores cumples.
También quiero dar las gracias por todos los regalos que me han hecho, la gente de mi alrededor, que se han portado genial. Y vosotros.
Citu desde su blog Enamorada de las letras, me dio esta estupenda sorpresa:



Gracias por ser tan buena conmigo. Muchos besotes.

También quiero agradecerle una cosita a mi amiga Lhyn. No sólo es amiga bloggera, messengera, forera y escritora. Es amiga de verdad, aunque esté lejos. Y tuvo el detallazo de pedirle a su amigo Drake, un ilustrador de primera (cuando me haga con su myspace ya lo pondré, si me deja), un dibujo para mí. Ha sido una sorpresa preciosa y quiero mandarles a los dos un montón de besos y abrazos.


Gracias a todos, de verdad, por hacerme pasar un día maravilloso.

Cumpleaños Feeeliiiiizz...


Un año más vieja... y ¿por qué no? también mucho más sabia. Así es como me siento.
Por eso, he decidido que hoy, 28 de Junio de 2010, no voy a celebrar mi 26 cumpleaños que ha empezado maravillosamente con una exhibición de fuegos artificiales. No, porque no sé cómo va ir este año. No sé si va a ir de celebraciones o de malas jugadas. La duda me corroe, pero como soy una año más sabia, la lección sobre la paciencia y la templanza la tengo mejor aprendida.
Por eso es que no celebro el nuevo año. Pero sí quiero celebrar el año que se ha ido. O más bien quiero hacer una gran fiesta porque el maldito ya se ha esfumado.
Ha sido horrible. Creo que de los peores de mi corta vida (que sí, que todavía puedo decir que ha sido corta). Así que por fin quiero dejar atrás todas esas cargas que me han estado pesando a modo de mochila durante demasiado tiempo (sí, señoras/es, cualquier carga involuntaria dura demasiado, aunque solo sea un segundo). Ahí vamos:
- Quiero liberarme de la culpa. Y es la primera porque es la que más pesa. Culpabilidad por todo, absolutamente todo, aunque no tenga yo nada que ver, pero parece que le he cogido el gusto y me voy culpando por cualquier cosa. Querida compañera "la culpa", me despido de ti con un gran beso, y un hasta nunca.
- Quiero liberarme de la impaciencia. La segunda porque también echa el ancla cuando menos me lo espero. Aunque no lo parezca, todo llega. Siempre. Por lo general, tarde, pero llega. Así que, amiga mía, ahí te quedas y no vuelvas.
- Quiero liberarme de la tristeza. Una vez, en las cartas del tarot de Osho, casi al principio de este último año que se aleja, me salió la carta de la Pena. En ella decía más o menos, que el dolor no es para hacernos sufrir, sino para hacernos conscientes, para mantenernos alerta; y que cuando somos conscientes, la desdicha desaparece. Tristeza, tú que pareces acompañarme como la garrapata al perro, deja que te diga que me he puesto un collar antiparásitos y no quiero volver a saber de ti... al menos inconscientemente.
Y se me ocurren más cosas de las que deshacerme, pero como sólo soy un año más sabia (que tampoco es tanto XDD), no sé cómo despedirme de ellas. Supongo que las dejaré para el cumple del año que viene.
Lo que sí quiero hacer es dar un gran beso y abrazo a todas las personas que me han ayudado y acompañado durante estos 12 meses espantosos. No sé cómo han podido quedarse a mi lado con lo insoportable que he estado. Con eso es con lo único que quiero quedarme.
Por lo demás.... espero pasar un FELIZ CUMPLEAÑOS!!!